{"id":502,"date":"2026-08-30T03:26:10","date_gmt":"2026-08-30T03:26:10","guid":{"rendered":"https:\/\/construirfuturo.tucumandevelopers.com\/index.php\/2026\/08\/30\/resena-de-moby-dick-o-la-ballena-de-herman-melville\/"},"modified":"2026-08-30T03:26:10","modified_gmt":"2026-08-30T03:26:10","slug":"resena-de-moby-dick-o-la-ballena-de-herman-melville","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/construirfuturo.tucumandevelopers.com\/index.php\/2026\/08\/30\/resena-de-moby-dick-o-la-ballena-de-herman-melville\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a de Moby-Dick; o La Ballena de Herman Melville"},"content":{"rendered":" \n                                        <p class=\"wp-block-paragraph\"><div class=\"extracted-content\"><div id=\"readability-page-1\" class=\"page\"><div>  <strong>Una traves\u00eda (literaria) irrepetible<\/strong> La posteridad tiene la mala costumbre de llegar tarde. Algunas de las obras que hoy ocupan un lugar indiscutible en la historia de la literatura tuvieron que esperar d\u00e9cadas para encontrar a sus lectores, y entre ellas est\u00e1 <em>Moby-Dick<\/em> de Herman Melville. La novela se public\u00f3 primero en Gran Breta\u00f1a, en octubre de 1851 como <em>The Whale<\/em>, y un mes despu\u00e9s en Estados Unidos como <em>Moby-Dick; o, La ballena<\/em>. La recepci\u00f3n fue desigual, las ventas decepcionantes y su consagraci\u00f3n como gran cl\u00e1sico llegar\u00eda mucho despu\u00e9s de la muerte del autor. <a href=\"https:\/\/leeresvivirdosveces.com\/2021\/07\/28\/resena-de-bartleby-el-escribiente-de-herman-melville\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Melville ya hab\u00eda pasado por este blog en 2021 con <em>Bartleby, el escribiente<\/em>, donde me refer\u00eda precisamente a su \u201cmajestuosa (y a\u00fan pendiente) <em>Moby-Dick<\/em>\u201d<\/a>. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s he saldado aquella deuda con la extraordinaria edici\u00f3n de Akal traducida por Fernando Velasco Garrido: casi mil p\u00e1ginas entre la novela y un cuidado aparato cr\u00edtico con introducci\u00f3n, estudio final, notas, bibliograf\u00eda, l\u00e9xico n\u00e1utico e im\u00e1genes. El narrador de la novela es Ismael quien decide embarcarse para combatir la melancol\u00eda que peri\u00f3dicamente lo empuja hacia el mar. Junto a Queequeg se enrola en el <em>Pequod<\/em>, un ballenero poblado por hombres procedentes de medio mundo y comandado por un capit\u00e1n que tarda en dejarse ver. Cuando Ajab aparece, la novela comienza a orbitar a su alrededor. Tanto es as\u00ed que Ismael, fundamental como voz narrativa, va perdiendo importancia como personaje hasta casi desaparecer de la acci\u00f3n. Melville puede entonces hacer con la narraci\u00f3n pr\u00e1cticamente lo que quiere: alternar perspectivas, introducir mon\u00f3logos y escenas casi teatrales o detener durante p\u00e1ginas la historia para hablar de cetolog\u00eda, religi\u00f3n, filosof\u00eda, navegaci\u00f3n o industria ballenera. Ah\u00ed est\u00e1 una de las mayores dificultades y, al mismo tiempo, uno de los grandes logros de <em>Moby-Dick<\/em>: Melville parece querer meter el mundo entero dentro de una ballena; por cierto, para ubicar al lector, la novela apareci\u00f3 ocho a\u00f1os antes de que Darwin publicara <em>El origen de las especies<\/em> y los largu\u00edsimos intentos de Ismael de clasificar cet\u00e1ceos pertenecen a una ciencia decimon\u00f3nica todav\u00eda en construcci\u00f3n. Pero esos cap\u00edtulos aparentemente enciclop\u00e9dicos terminan formando parte del sentido de la obra: cuanto m\u00e1s mide, describe y disecciona Ismael a las ballenas, menos parece agotarlas. No resulta casual que asegure que \u00abun barco ballenero fue mi facultad de Yale y mi universidad de Harvard\u00bb. El mar es aventura, trabajo y escuela, pero tambi\u00e9n un instrumento para intentar comprender un mundo que se resiste a ser comprendido. Algo parecido a lo que ocurre con Ajab, ocurre tambi\u00e9n con Moby Dick. Se habla de ella durante cientos de p\u00e1ginas, condiciona cada movimiento del barco y ocupa por completo la mente de Ajab, pero la ballena blanca no aparece hasta el cap\u00edtulo 133, \u201c\u00a1All\u00ed resopla! \u00a1All\u00ed resopla! \u00a1Una joroba como un monte nevado! \u00a1Es Moby Dick!\u201d. Hasta entonces existe sobre todo en relatos, temores y proyecciones. Para Ajab ha dejado incluso de ser un animal, \u201c\u00e9l amontonaba sobre la blanca joroba de la ballena la suma de toda su rabia y todo el odio colectivo sentido por su entera estirpe desde Ad\u00e1n; y luego, como si su pecho fuera un mortero, hac\u00eda estallar sobre ella el caliente proyectil de su coraz\u00f3n\u201d. Sobre Moby Dick ha colocado todo aquello contra lo que necesita rebelarse. De ah\u00ed nace el interminable juego de interpretaciones que acompa\u00f1a a la novela desde hace m\u00e1s de siglo y medio. Moby Dick puede ser la naturaleza indiferente, el Mal, Dios, el destino, la muerte, lo absoluto o el vac\u00edo. Su blancura remite a la pureza, la divinidad y la belleza, pero tambi\u00e9n al terror, la ausencia y la nada. El error ser\u00eda decidir que representa definitivamente cualquiera de esas cosas. Melville admite las lecturas al mismo tiempo que parece burlarse de nuestra pretensi\u00f3n de encontrar una capaz de cerrar por completo el significado de la novela. <a href=\"https:\/\/leeresvivirdosveces.com\/2022\/01\/12\/resena-de-el-punto-ciego-de-javier-cercas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Aqu\u00ed regres\u00e9 inevitablemente a <em>El punto ciego<\/em>, de Javier Cercas, que rese\u00f1\u00e9 en este blog hace unos a\u00f1os<\/a> y que fue uno de los libros que colocaron <em>Moby-Dick<\/em> m\u00e1s arriba en mi lista de pendientes. Cercas encuentra precisamente su punto ciego en la imposibilidad de determinar de manera inequ\u00edvoca qu\u00e9 es Moby Dick, qu\u00e9 representa y por qu\u00e9 Ajab est\u00e1 dispuesto a perseguirla hasta destruirse. La novela resuelve qu\u00e9 sucede con la ballena, pero no qu\u00e9 significa la ballena. Ahora entiendo perfectamente por qu\u00e9 Cercas la eligi\u00f3 como uno de sus ejemplos. Y quiz\u00e1 podamos ir todav\u00eda un paso m\u00e1s all\u00e1: la cuesti\u00f3n esencial de <em>Moby-Dick<\/em> no sea \u00fanicamente qu\u00e9 significa la ballena, sino por qu\u00e9 Ajab necesita desesperadamente que signifique algo. No soporta la incertidumbre, necesita encontrar detr\u00e1s de la apariencia del mundo una verdad y su tragedia consiste en estar absolutamente convencido de haberla encontrado. Frente a Ajab est\u00e1 Starbuck, probablemente el personaje que m\u00e1s me ha interesado de toda la tripulaci\u00f3n. Primer oficial, prudente y sereno, resume su manera de entender el oficio cuando afirma \u201cno llevar\u00e9 hombre en mi lancha que no tenga miedo de una ballena\u201d. No es cobard\u00eda, sino conocimiento del riesgo. Starbuck sabe que Moby Dick es (solo) una ballena, que el <em>Pequod<\/em> no sali\u00f3 de Nantucket para satisfacer la venganza de Ajab y que detr\u00e1s quedan familias esperando el regreso. Ve la locura de su capit\u00e1n, protesta contra ella e incluso tendr\u00e1 la posibilidad de detenerla. Y, sin embargo, no lo hace. La destrucci\u00f3n del <em>Pequod<\/em> necesita la obsesi\u00f3n de Ajab, pero tambi\u00e9n la obediencia de quienes saben que est\u00e1 conduciendo a todos hacia el desastre. A su alrededor Melville dibuja una tripulaci\u00f3n memorable: Stubb afronta el peligro desde un humor fatalista; Fedallah acompa\u00f1a a Ajab como una presencia oscura cargada de profec\u00edas; y Queequeg, Tashtego o el imponente Daggoo aportan a ese microcosmos una diversidad racial y cultural extraordinaria para los Estados Unidos de 1851. El <em>Pequod<\/em> admite tambi\u00e9n una lectura pol\u00edtica: hombres procedentes de lugares muy distintos, embarcados por razones diferentes, terminan entregando su destino com\u00fan a la voluntad de un solo hombre. Melville habla adem\u00e1s de propiedad, esclavitud, colonialismo, expansi\u00f3n territorial y explotaci\u00f3n econ\u00f3mica. Convertir todo ello en una alegor\u00eda cerrada de Estados Unidos ser\u00eda empobrecer la novela; ignorarlo, tambi\u00e9n. Y vuelvo al viaje, porque fue una de las ideas que m\u00e1s vueltas me dio durante la lectura. Todos navegan en el mismo barco, pero ninguno hace inicialmente el mismo viaje. Ismael busca escapar de s\u00ed mismo; Starbuck trabaja y desea volver con su mujer y su hijo; otros buscan dinero, aventura o simplemente ejercer su oficio. Ajab consigue apropiarse de todos esos viajes individuales y reducirlos a uno solo. El <em>Pequod<\/em> contin\u00faa cazando otras ballenas, llenando barriles, trabajando, comiendo y navegando como si la expedici\u00f3n siguiera siendo la misma, pero cada una de esas cacer\u00edas funciona tambi\u00e9n como una suspensi\u00f3n del verdadero prop\u00f3sito. Mientras persiguen otros cachalotes todav\u00eda son balleneros; cuando encuentren a Moby Dick ser\u00e1n definitivamente los hombres de Ajab. Hay viajes que empiezan con un destino y terminan teniendo \u00fanicamente una finalidad. El <em>Pequod<\/em> deb\u00eda salir, trabajar y regresar; Ajab sustituye ese movimiento por una persecuci\u00f3n que no conduce a ning\u00fan puerto. El barco recorre miles de millas para alcanzar algo que, cuando finalmente alcanza, contin\u00faa siendo inaccesible. Ajab encuentra a Moby Dick, pero no obtiene de ella ninguna respuesta. La ballena no revela si detr\u00e1s de su blancura existe Dios, el Mal, la naturaleza o absolutamente nada. Simplemente aparece. Y entonces todo aquello que durante cientos de p\u00e1ginas parec\u00eda una amenaza lejana se precipita con la violencia de una tragedia anunciada. Melville cierra la historia con una de esas frases ante las que solo queda detenerse: \u00abdespu\u00e9s todo se derrumb\u00f3, y la gran mortaja del mar se meci\u00f3 lo mismo que se meci\u00f3 cinco mil a\u00f1os atr\u00e1s\u00bb. El oc\u00e9ano vuelve a quedar como estaba antes de Ajab, antes del <em>Pequod<\/em>, antes de aquella persecuci\u00f3n desmesurada y de todos los significados que los hombres hab\u00edan querido imponerle. Quiz\u00e1 esa indiferencia del mar sea la \u00faltima respuesta de una novela que se ha pasado casi mil p\u00e1ginas neg\u00e1ndose a proporcionar respuestas definitivas. <em>Moby-Dick<\/em> es excesiva, extra\u00f1a, irregular, exigente y a veces deliberadamente agotadora. Tambi\u00e9n es una de esas obras capaces de ensanchar nuestra idea de lo que puede llegar a ser una novela. No creo que haya que acercarse a ella \u00fanicamente para conocer a Ajab ni para descubrir qu\u00e9 representa la ballena blanca. Hay que embarcarse, aceptar sus calmas y sus tormentas, dejarse desconcertar por sus desv\u00edos y permitir que algunas de sus preguntas nos acompa\u00f1en mucho despu\u00e9s de haber regresado a tierra. Porque, entre todos esos libros que siguen esperando ser le\u00eddos, de vez en cuando aparece a lo lejos una joroba blanca. \u00a1All\u00ed resopla! \u00a1All\u00ed resopla! Es <em>Moby-Dick<\/em>. Y merece la pena salir tras ella. \u00a1Nos vemos en la pr\u00f3xima rese\u00f1a! <\/div><\/div><\/div><\/p>\n                                        \n                                        \n                                        <p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente: <a href=\"https:\/\/leeresvivirdosveces.com\/2026\/08\/29\/resena-de-moby-dick-o-la-ballena-de-herman-melville\/\">Enlace original<\/a><\/p>\n                                        ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una traves\u00eda (literaria) irrepetible La posteridad tiene la mala costumbre de llegar tarde. Algunas de las obras que hoy ocupan un lugar indiscutible en la historia de la literatura tuvieron que esperar d\u00e9cadas para encontrar a sus lectores, y entre ellas est\u00e1 Moby-Dick de Herman Melville. 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