La antifilosofía de Eugene Thacker: «En filosofía, el silencio siempre es el gesto más apropiado»
«Tal vez no haya más universos, sino menos. Tal vez ni siquiera exista este. Lo no humano se dilata a escalas que eclipsan sin esfuerzo lo humano y su propia tragicomedia de solipsismo propio de nuestra especie»Por otro lado, Eugene Thacker ha sido una de las figuras clave del realismo especulativo. Cuando se le pregunta por la utilidad actual de esa etiqueta, responde: «Cuanto más leo sobre la historia de la filosofía (tanto oriental como occidental), más inútiles se revelan las etiquetas filosóficas. Hay momentos en que surge algo mínimamente interesante y entonces aparecen los adeptos, los seguidores, las escuelas, los cismas, las facciones y las grandes instituciones que alimentan lo grotesco y carnavalesco que luego se autoproclama cultura. No hay fundamentos. Todo es, en el mejor de los casos, sincrético, y quizás lo único que subsiste son prácticas de humildad planetaria que, a su vez, están constantemente sujetas a las exigencias del tiempo profundo». Aquí tenemos a un antifundacionalista declarado, si bien no se trata de uno como Richard Rorty en busca de esperanza social. Ahí no acaba su diatriba contra la filosofía: «La filosofía académica me parece con frecuencia un simple juego de lógica egocéntrico en el que preferimos olvidar que las reglas nos las hemos inventado nosotros mismos». ¿Cómo sería el juego de la vida sin las reglas que hemos decidido inventar? Una filosofía no egocéntrica sería… una antifilosofía. ¿Y qué sería una antifilosofía? ¿Una resignación infinita? El aforismo, sostiene Thacker, es como un abismo sin acantilados. Sus reflexiones están plagadas de abismos sin acantilados, abismos insondables que dejan una reminiscencia a misterio muerto, a neoplatonismo fracasado. Al fin y al cabo, los pesimistas son místicos fracasados. Thacker lanza aforismos a diestro y siniestro sin la intención de alcanzar la armonía, la completitud o el sentido de unidad orgánica. Estos son algunos ejemplos de esos detritos filosóficos esparcidos con desgana en sus libros: «Pesimismo: una revelación inútil», «La cultura humana me inspira odio», «Es preferible una hora de contemplación que toda una vida de ambición, aunque ninguna de las dos produzca resultados tangibles», «Toda fe debe tener como objetivo la incredulidad» o «Todos los filósofos son filósofos de pacotilla». En ese todos los filósofos, ¿se incluye él? Todo apunta a que sí. Y quizás podríamos reemplazar filósofos por periodistas para así incluir a un servidor. Cabe preguntarse si se puede vivir en un pesimismo profundo sin ningún tipo de esperanza. El lector intuirá vagamente la respuesta de Thacker, una suerte de aforismo final que, poco después, se perderá para siempre en el olvido: «Quizás Kierkegaard se equivocó. No hay ningún salto [de fe], porque, para empezar, nunca hubo ningún precipicio».
Sobre el autor
Andrés Lomeña (Málaga) es licenciado en Periodismo y en Teoría de la Literatura y Literatura comparada (Universidad Autónoma de Barcelona), doctor en Sociología (por la Universidad Complutense de Madrid) y profesor de Filosofía en un instituto público. Coordina proyectos en la fundación internacional Common Action Forum, colaborando con universidades latinoamericanas como la UNAM (la Nacional Autónoma de México), la UBA (la de Buenos Aires) y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es autor de Narratofilia (Irrecuperables), Podio (Alianza), Filosofía en rebanadas (Arcopress), Python para filósofos (Marcombo) y Filosofía a sorbos (Arcopress), donde cruza pensamiento crítico, narrativa y divulgación filosófica.Fuente: Enlace original
